El cursor en la pantalla de mi laptop parpadeaba exigiéndome que comenzara a escribir, pero yo aún no estaba segura sobre qué tema quería hablar aquella noche. Había estado posteando regularmente en mi blog, pero había tratado de mantener mi identidad semi-oculta. A veces mis textos hablaban demasiado de mi interior, revelaban secretos, y pensaba que me haría demasiado vulnerable mostrar la cara. Había estado considerando la posibilidad de subir un video mío de alguna noche cantando en el bar, pero sabía que eso podía abrir puertas que había decidido mantener cerradas. Ni siquiera me había atrevido a poner una foto en mi perfil, era ilógico pensar en un video, pero la idea seguía llamando mi atención.
Escribir en el blog era como llevar una doble vida, a veces me parecía que mis amigos virtuales me conocían más que los reales, y no quería que eso cambiara; no quería que mostrarme afectara mi libertad para escribir ahí. ESCRIBIR NUEVA ENTRADA DE BLOG. ¿Qué podía pasar, por qué no dar la cara? ELEGIR ARCHIVO DE VIDEO DESDE SU PC. Busqué uno de los videos que guardaba en mi máquina, seguía sin estar segura de que fuera una buena idea. CARGAR VIDEO. Bueno, podía subirlo como borrador y más tarde decidir si quería publicarlo o no. ACCIÓN COMPLETADA. Las opciones de PUBLICAR y GUARDAR COMO BORRADOR, parecían querer salirse de la pantalla.
El timbre del teléfono me sobresaltó. Dejé a la indecisión en espera y contesté, era Alejandro.
¿Qué estás haciendo Valeria?
Lo mismo que todos los lunes en la noche –contesté- nada.
¿Nada? –dijo con su voz burlona-, de seguro has de estar metida en tus cosas esas de internet. Despabílate y nos vemos en media hora en Barney´s, te quiero presentar a alguien.
Y sin esperar respuesta, colgó.
Alejandro y sus cosas, siempre intentando arreglarme la vida. Por un momento estuve tentada a devolverle la llamada para mandarlo al demonio, pero al final le di la razón. ¿Qué ganaba quedándome encerrada en mi casa, sentada frente a la pantalla de mi computadora? Por cierto, mi blog seguía esperando una decisión. Un impulso repentino me hizo apretar el botón PUBLICAR. Recargué el explorador y en la página principal del blog vi el primer cuadro del video, congelado, listo para que cualquiera que pasara por ahí me viera y escuchara. Qué más da –me dije-, ya era hora. Apagué la máquina, tomé las llaves de mi carro y salí.


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